A pesar de los cambios sociales de las últimas décadas, la Dirección por objetivos (DpO, -evolución de la llamada Dirección por Instrucciones DpI, de principios de siglo pasado), basada en la Evaluación del rendimiento, realizada de una manera formal y utilizando criterios específicos e intervalos temporales claramente definidos, sigue siendo el modelo gerencial más extendido en la actualidad. Es decir, se valoran objetivos, claramente cuantificables.
Sin embargo, la evolución lógica de los anteriores paradigmas de modelo gerencial, es la denominada Dirección por Valores (DpV), y está dirigida hacia conductas y decisiones diarias que generen salud económica, ética y emocional con valores económicos, emocionales y éticos.
El problema por el que no acaba de consolidarse este último modelo DpV, en sustitución de la DpO, es porque normalmente se menosprecian las emociones por contravenir el pragmatismo, o porque la ética se considera una categoría ajena al núcleo del negocio productivo.
A pesar de que sabemos que cada vez más se necesita confianza, compromiso y creatividad por todos los empleados, para crear un entorno profesional competitivo, con equipos cohesionados de trabajo que construyan redes interactivas de relaciones personales y que propicien principios de decisión, esfuerzo, propósito, diligencia, y perseverancia, preferimos usar modelos cuantificables que nos permitan medirlo todo.
Los factores cuantitativos económicos, como la rentabilidad, productividad o márgenes, de la DpO, prevalecen, lamentablemente, en nuestros días a los cualitativos como la confianza, creatividad u honestidad y a los criterios de eficiencia, ética e inteligencia emocional, aunque se ve una clara apertura a valores en el trabajo.